La poesía española desde 1936. La poesía en los años cuarenta y cincuenta
- La poesía arraigada representa en cierto modo una actitud de conformidad; se centra en temas intemporales alejados de la realidad del momento (la familia, la patria, la religión, el amor o el paisaje) y propugna una vuelta a las formas clásicas (el soneto, la décima, etc.). La actividad de estos poetas, que cuidan especialmente la pureza de la forma, se desarrolla alrededor de dos revistas: Escorial y Garcilaso, en las que se genera una poesía de inspiración petrarquista.Los autores más destacados de esta tendencia son Luis Rosales, autor de La casa encendida (1949), y José García Nieto, aunque dentro de la poesía arraigada también se puede incluir parte de la obra de Gerardo Diego, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo o José Antonio Muñoz Rojas.
- Frente a esa postura, la poesía desarraigada manifiesta su angustia ante una realidad inhóspita, incapaz de ofrecer consuelo; en estos poetas se perciben también las primeras manifestaciones de protesta que marcarán la década siguiente. Sus poemas hablan de las miserias sociales, de la injusticia, de la hostilidad de la existencia. El hombre se presenta como un ser desvalido en el caos y la crudeza del mundo. Es una poesía de estilo directo y sencillo que está dominada por un tono angustiado. La religiosidad está también presente en las obras de estos autores, pero asociada ahora con la duda o con la desesperada interrogación a Dios sobre el sentido del dolor humano.
En la constitución de esta corriente tuvieron una importancia decisiva los libros de dos autores que actúan como puente entre la generación del 27 y los nuevos poetas. Estos libros son Sombra del Paraíso, de Aleixandre, e Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, publicados en 1944. En la línea de la poesía desarraigada destacan también los primeros libros de Gabriel Celaya y el Blas de Otero de Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951). En la órbita de la revista Espadaña, que propone una poesía cercana a los problemas humanos, escriben autores como Victoriano Crémer y Eugenio de Nora.
Junto a estas dos principales tendencias, en los años cuarenta se desarrollan otras corrientes poéticas, como la que surge en torno a la revista Cántico, influenciada por San Juan y por los poetas del 27, especialmente por Cernuda. Se caracterizan por el refinamiento formal, el intimismo y un gusto por la expresión barroca.
Así también, destaca en estos años la poesía del postismo (postsurrealismo), que se centra en el poder creador de la imaginación y en la importancia del humor en la obra literaria. Su mayor representante es Carlos Edmundo de Ory, y en relación con este movimiento se encuentra también parte de la obra de Gloria Fuertes, Juan Eduardo Cirlot o Ángel Crespo.
En esta época se encuadra también la obra de autores como Miguel Labordeta, Manuel Álvarez Ortega o Francisco Pino.
La poesía desarraigada deriva hacia una corriente de poesía socialcaracterizada por los siguientes rasgos:
- Sin olvidar la preocupación existencial de los desarraigados, denuncia las desigualdades sociales y la falta de libertades políticas. El tema de España adquiere de nuevo una enorme importancia.
- Sitúa al hombre en el centro de su interés, intenta acercarse al otro, al cual le transmite una llamada solidaria.
- La actividad poética se concibe como una herramienta capaz de transformar la realidad. Es una poesía que rechaza el puro juego formal destinado al recreo de una minoría intelectual.
- Emplea un lenguaje sencillo, coloquial, que tiende a lo narrativo y que en ocasiones está próximo a la prosa.
- Estos rasgos estilísticos derivan de una voluntad de comunicación amplia, de la intención de hallar un público mayoritario y una comprensión de su mensaje.
En oposición, pues, a la poesía selecta dirigida a minorías tal como la concebía Juan Ramón Jiménez, se busca en estos tiempos una literatura cuyo destinatario sea «la inmensa mayoría», expresión acuñada por Blas de Otero y que da título a uno de los poemas incluidos en su libro Pido la paz y la palabra. La concepción del arte como una herramienta para cambiar el mundo implica la necesidad de llegar a todos.
Los principales precursores de la poesía social en España habían sido Miguel Hernández y los poetas hispanoamericanos César Vallejo y Pablo Neruda.
Los dos poetas más destacados de la poesía social son Blas de Otero y Gabriel Celaya. Mención aparte merece la figura de José Hierro, cuya poesía presenta, en un primer momento, muchos puntos de contacto con esta corriente.
- Blas de Otero (Bilbao 1916-Madrid 1979). Entre sus libros de poesía social destacan Pido la paz y la palabra (1955) yQue trata de España (1964).Otero cultivó en sus primeras obras una poesía existencial, influida por la mística de San Juan de la Cruz. El autor sufre una profunda crisis ideológica que ocasionará una importante evolución en su poesía. Su producción, caracterizada por una gran maestría en el empleo de la lengua, camina desde una etapa inicial de inspiración religiosa (Cántico espiritual, 1942) a una tendencia desarraigada que desemboca finalmente en una poesía de inspiración político-social cuyo interlocutor es España, hacia la que el poeta muestra sentimientos de amor y repudio.
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